sábado 21 de enero de 2012

Misteria



Voy en el metro y me acuerdo de que A. y yo dijimos que ‘a ver si hoy llevamos cosas para la Sierra Tarahumara’. Porque aunque tengo recuerdos de estar en la primaria, e invierno tras invierno escuchar sobre ‘el frío y el hambre en la Tarahumara’, hoy casi 20 años después sigue siendo un tema que aparece en los periódicos. Así que no se trata de algo eventual, sino estructural. De violencia de Estado, diría yo – que dizque me siento medio radical a veces -. De la naturalización de la pobreza que, diría mi amiga L., “hay que dejar de decirle pobreza como si fuera un fenómeno abstracto y natural, hay que llamarla por lo que es: una injusta distribución del ingreso”.

Llego entonces a Copilco y subo las escaleras del metro para esperar el camión que habrá de llevarme al COLMEX, en donde tengo una reunión de trabajo. Paso al lado de una señora que suplica ‘un pesito señorita, por favor’. Luego junto a una pareja de ancianos, él toca el acordeón, ella (también) suplica a los transeúntes. Elementos del paisaje cotidiano, visiones que parecen no perturbar a los habitantes de la metrópoli, “pobreza” naturalizada, como la de la Sierra Tarahumara.

Así que me pongo muy triste. Me duele casi físicamente (otra vez) que vivamos en este mundo, que hayamos hecho lo que hemos hecho con nuestra forma de organizarnos como sociedad. Que hayamos dejado fuera a un montón de personas de esto que llamamos ‘progreso’. Pienso en el trabajo fatigoso y mal remunerado, en las miles (millones) de personas que antes de dormir se angustian por el futuro, por el hambre de sus hijos, por las deudas. Me consume una culpa que nunca sé explicar bien: la culpa de tener ahorros en el banco, la de las vacaciones en la playa, la de las cuentas en Coyoacán por una pizza y dos copas de vino, las facturas de la Gandhi por 500 pesos y dos libros.

Sigo triste, triste, triste. Si alguien me preguntara que por qué estoy tan triste, por qué me cuesta tanto no ponerme a llorar copiosamente, por qué tengo esta cara de agobio, mi respuesta sería super sosa: por el mundo. Por la vida. Porque nada tiene sentido, por los pobres, por los que tienen hambre, por los niños sin papás. Por todas las razones tristes que Televisa ha convertido en cliché.

Y sí, porque adivinaron: estoy en mis días.

Estoy menstruando, así que me pongo muy sensible, así que me dan ganas de llorar por todo.

La cosa es que “no puedo explicarlo”. No puedo explicar este sentimiento extraño de tristeza, de dolor, de ganas de llorar. Pero no es sólo eso: es una especie de comunión (extraña) con el mundo, es un conmoverme sincera y poderosamente pensando (en estos días) en la gente que allá en Chihuahua vive en cuevas que los turistas extranjeros fotografían sin pudor. Es un agobiarme, también genuinamente, porque las cosas están tan mal y no se me ocurre ninguna forma efectiva de cambiarlas. Es un entender a la Szymborska cuando pide perdón: “que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las 5 de la mañana”. Es un conmoverme hasta el llanto por todas las cosas que en otro momento no me dolerían tanto. En otro momento: cuando mis hormonas no me “impiden” ser una persona racional que más o menos entiende lo que pasa.

Y entonces eso, que no puedo explicarlo. Porque cuando lo intento, la explicación aparece risible. Ridícula: ella llora porque está en sus días, porque hay un proceso en su organismo que la hace sentir todo a la décima potencia. Ella está sensible, está en sus días, está mujeril. El mes pasado lloró con una película en la que la enamorada moría y el enamorado lloraba muchas noches. El mes antepasado lloró porque su sobrino le dijo en el teléfono que ‘te quiero mucho tía Nati’. Hace un par de meses lloró porque encontró comida echada a perder en su refrigerador. Todo risible, todo ridículo, todo irrelevante.

A menos que no. A menos que esto no fuera risible, no fuera ridículo, no fuera algo que habría que descalificar, tachar, poner entre paréntesis. A menos que fuera (como yo creo que es) una característica desde la cual entender, también, lo que pasa en el mundo. Y es mía, porque soy mujer, y porque no tengo ni puta idea si los hombres alguna vez han sentido algo parecido.

A menos que si no puedo explicarlo sin sonar risible, es porque lo hago en un lenguaje que no es mío. En un mundo que no es mío. En un orden en el que no existo (la mujer no existe, dice Lacan). No existo porque sólo existe él, mi opuesto, el hombre. Porque él es el Uno y yo soy lo Otro. Y yo estoy condenada a ser como él, pero no puedo. Sólo puedo imitar, ser una mala imitación, tomarme dos syncol y no llegar llorando a la reunión de trabajo. La única forma de no ser risible, es no sintiendo esto que siento. O sintiéndolo y poniéndolo ahí, en ese lugar marginal, molesto, de irrelevancia, de suciedad, de inferioridad, en un lugar en el que “no significa nada”. Y eso, a todas luces, me parece de pronto monstruoso.

Así que de pronto entiendo la diferencia. Y, aunque sea por este momento, la mistérica Irigaray me parece lo más sensato que he leído en mucho tiempo.

Ahora espero, queridos lectores, que entiendan por qué poco a poco me muevo teóricamente a ser una feminista de la diferencia. Me asusta terriblemente, porque yo tan marxista siempre me he burlado de las no ilustradas. La cosa es que en mis experiencias cotidianas, su dolor por no ser tiene un sentido que me resulta cada vez más difícil ignorar, un argumento al que he dejado de estar segura de contradecir.




5 comentarios:

Anónimo dijo...

Amiga. ¿Cómo estás?

Me conmovió tu relato. Me sentí identificado con tus palabras, con el sentimiento.

A veces, estando triste o encabronado por alguna razón, de pronto me encuentro en ese estado de llanto por el mundo que describes. En mi caso la menstruación no podría intervenir, por cierto.

Se me ocurre una idea con lo que dices. El mundo es objetivamente un lugar increiblemente hostil y odioso. ¿Cuántas veces, especialmente con aquellas personas que amo, se me ocurre pensar que el mundo es un lugar demasiado hostil para ellas? ¿Y cuántas veces se me viene a la mente el poema de los Heraldos Negros en voz del Che Guevara mientras pienso que también es un lugar muy hostil para mi? Pero lo que te quería decir es que tal vez uno percibe de manera sentimental (artística, irracional, no sé) la esencia de este mundo.

Pero mejor luego escribo a tu correo porque me están llamando.

Saludos desde un valle en el noreste de México.

Chava dijo...

Hace mucho que no escribía usted en su blog.

No se en dónde escuché decir que querer cambiar el mundo es vanidad, pero que lo que sucede en el mundo te entristezca, es envejecer. Creo que fue en Mad Men.

En fin, usted sabe lo que dice, la tristeza no viene de adentro ni de las hormonas... y no tiene que ser racional o justificable... basta con que pueda ser dicho de alguna manera. Si usted dice que esta triste porque el mundo es injusto, pues eso, se puede decir que se esta triste porque el mundo es injusto. Al menos hay alguien que lo ha dicho, con su tristeza y con sus palabras.

Si siente culpa a partir de esa injusticia, pues... qué se le va a hacer, es el mundo en el que le tocó vivir y quizá sea el mundo en el que le tocará morir. Es trágico, y pues así es.

[.saиđяîиε.t.] dijo...

Lo que me choca de "esos dias" es que siento que en cierto sentido, no puedo llorar sólo porque ¡quiero llorar!, todo es producto de esas malditas hormonas... =@...

aunque creo que no es que uno no se ponga triste en otros días.. es sólo que ese estado potencia ciertas cosas... pero el que el mundo es frio y sin sentido, lo es...

vivo pensando... -últimamente- que nada realmente tiene sentido y que muchas cosas son vanas en si mismas.. aún cuando lo hagamos con las mejores intenciones...

¡en fin!, no porque el mundo sea trágico uno debe soltarse nada más a llorar en la inmensidad... al final algo de todo esto debe tener sentido... (¿no?)

.... mucho para pensar...

Srita. Melancolía dijo...

Anónimo: me gustó mucho tu comentario. Creo que das totalmente en el clavo cuando mencionas lo "irracional", a lo mejor ahí está el enigma... No sé, me hace todo el sentido del mundo pensar en el arte, en el amor, y en la menstruación. No puedo explicar cómo o por qué, pero es de esas veces que tienes la corazonada de que por ahí va la explicación. ¿Sigo esperando tu mail? Un abrazo!

Chava: Sí, pero ¿qué pasa cuando no se puede 'decir'? Justamente ése es el agobio, creo. Un abrazo también

Sandrine: Yo creo que lo terrible es que nos hayan enseñado a odiar nuestras hormonas (las molestas, las sufribles, las que nos 'sacan de nosotras mismas') en vez de a reconocerlas como una característica corporal, pero NO SÓLO corporal. También identitaria, y también que feo por eso 'despreciar' algo tan nuestro. No sé, cosas para pensar. Gracias por pasar, un abrazo!

Chava dijo...

En todo decir hay algo transmisible y algo que dará vueltas sin caer en ninguna parte. Algo de esa tristeza podrás transmitir, pero otra parte nunca podrás, no por incapacidad tuya, sino porque el "decir" es así. Es un agobio, parafraseando a Nietzche, un agobio humano, demasiado humano.

No por eso dejamos de hacer intentos, de improvisar... de tanto en tanto, se produce una palabra nueva, y con ella, oídos nuevos.

"Comprendo que le enfurezca la idea de que vayan a publicar Amorous, porque cualquiera se da cuenta de las fallas, del soplido perfectamente perceptible que acompaña algunos finales de frase, y sobre todo la salvaje caída final, esa nota sorda y breve que me ha parecido un corazón que se rompe, un cuchillo entrando en un pan (y él hablaba del pan hace unos días). Pero en cambio a Johnny se le escaparía lo que para nosotros es terriblemente hermoso, la ansiedad que busca salida en esa improvisación llena de huidas en todas direcciones, de interrogación, de manoteo desesperado. Johnny no puede comprender (porque lo que para él es fracaso a nosotros nos parece un camino, por lo menos la señal de un camino) que Amorous va a quedar como uno de los momentos más grandes del jazz. El artista que hay en él va a ponerse frenético de rabia cada vez que oiga ese remedo de su deseo, de todo lo que quiso decir mientras luchaba, tambaleándose, escapándosele la saliva de la boca junto con la música, más que nunca solo frente a lo que persigue, a lo que se le huye mientras más lo persigue."

Puede que usted sea una perseguidora, y no una perseguida.

Saludos!!!