Una buena parte de mi vida (hasta ahora) transcurrió en un estado fronterizo. Por ello, desde niña fue común que personas cercanas hablaran de ‘el otro lado’ con igual cercanía: irse de compras cerca de las fiestas navideñas, tener negocios fayuqueros, vender tenis Nike más baratos que en Liverpool, etc., etc., etc.
Pese a lo anterior, jamás se me pasó por la cabeza pedir mi visa. Entre otras cosas, porque era menor de edad y mis papás nunca tuvieron (hasta ahora) ingresos comprobables (y a menudo tampoco tuvieron ingresos, a secas). Fuimos, de niños, de esa clase media tirando a baja (o de baja tirando a media, a según de quién calcule los deciles), que de entrada tenía claro las cosas que no iban dentro de su esquema: colegios de paga, vacaciones familiares, comidas domingueras en restaurante, ropa nueva, visa para entrar a Estados Unidos. Y que vive (felizmente) dejando todas esas cosas para otras realidades y ya, tan campantes, tan felices, tan clase media asumida, evidente e internalizada.
Excepto porque a menudo repito que “me encantaría ir a NY”, los United States of America me tienen sin cuidado aparente en sus dimensiones actuales (o sea, me interesa y conozco parte de su historio, envidio sus volúmenes de publicación literaria y eso, pero nada más). O me tenían - debo decir - hasta hace unas cuantas semanas.
Hace unas cuantas semanas llegó a mi correo la invitación por parte de la Universidad de Texas en Austin para moderar unas cosas de trabajo en un evento sobre migración (podría hablar sobre migración y género con “graduate and undergraduate students from a variety of majors”). Como ellos invitaban, ellos pagarían mi boleto de avión, hospedaje, alimentos, bla bla bla. Ese día me llegaron como 7 correos de personas diferentes de la universidad para acordar todos los detalles: que qué vuelo me convenía más, que confirmara mi asistencia a la cena de bienvenida, que por favor enviara mi propuesta de mesa en inglés tan pronto como pudiera, que bla bla bla. Así que 7 veces respondí que: muchas gracias por considerarme, PERO no tengo visa.
El caso es que luego alguien me dijo ‘oye pues no seas boba, aprovecha que tienes la carta de invitación y tramita tu visa’. Me pareció – no sé por qué – buena idea. Creo que porque ésta es la segunda vez que me quedo sin viajar por falta de documentación (la vez anterior me perdí un viaje a Cuba por no tener pasaporte vigente, pueden leer la crónica en junio de 2008).
Así que ya, hice mis citas (ahora son dos), en la mañana estuve haciendo fila tres horas, de las que más o menos el 70% fue de pie, me hicieron no sé cuántas pruebas de seguridad y al final, después de su violento interrogatorio de mierda, decidieron darme la visa por tiempo limitado (que, como se imaginarán, no me sirve de nada porque tampoco alcancé a ir al encuentro aquel).
Más allá de que en este momento tengo ganas de llorar mis mini tragedias cotidianas (y mis 1,800 pesos perdidos, también), tengo muchas cosas revueltas en la cabeza. No, más bien lo contrario: tengo muchas cosas horriblemente claras en mi cabeza. Y no puedo creer, de verdad, no puedo creer que vivamos así, en este mundo.
Creo que la embajada de Estados Unidos es un espacio privilegiado para ver cómo se cristalizan conceptos que en las ciencias sociales parecen muy abstractos, como la madre ésa del biopoder de Foucault, el capital cultural de Bourdieu, las políticas de las identidades contra las que pelea Butler.
Y a mí todo al final me parece que es un asunto de clases sociales, así tal cual. De la forma que tenemos de relacionarnos con el mundo, de los recursos y herramientas a nuestra mano, del cúmulo de experiencias que se convierten en capitalizables cuando están acordes con la hegemonía del mercado.
Ejemplo: para mí – señorita maestra en ciencias sociales y trabajadora freelance de la academia – fue muy sencillo hacer el trámite para solicitar la cita por internet. Pagar por internet con mi tarjeta de crédito, imprimir mi comprobante, llenar mi solicitud, todo. Pero ayer, frente al CAS, encontré un lugar con computadoras que ‘no es un café internet’ (eso dice a la entrada) en donde gente hace ese trámite online para otra gente, y les cobra carísimo: 100 pesos por el ds, 100 pesos por la cita, 100 pesos por pagarte en línea la solicitud. Adivinarán que no podía quedarme sin entrar a echar un vistazo (con cara de boba y preguntando ‘disculpa, ¿esto es un café internet? – No, señorita, en la entrada dice- Ah bueno, disculpa). Pues sí, ¿quién más iba a estar ahí? Gente que tiene acceso limitado no sólo al recurso del internet, sino a los recursos tecnológicos y a las herramientas de la ‘generación 2.0’ (por eso los reteodio a veces tuiteros activistas de mierda que se pierden en retóricas culturalistas buenaondita). Gente que no sabe prender una computadora, y no lo digo – es obvio que no lo digo – en términos peyorativos. Lo digo en términos de eso que Bourdieu llama ‘capital cultural’ y que se convierte en una cosa que reproduce las desigualdades (porque para ellos – que seguramente son quienes menos lana tienen - solicitar la cita costará por lo menos 300 pesos extra, mientras que para los que más lana tienen, menos cuesta la cita).
Ejemplo 2: Un sistema colonial (de mierda) que construye las diferencias, les asigna significados, y luego las jerarquiza. Y no sólo eso, sino que además nos ha colonizado el espejo. Porque en las interminables filas para hacer el trámite, era tan evidente el comportamiento diferenciado, la forma en que la desigualdad y la opresión se inscriben en el cuerpo. Me resulta tan, pero tan tan tan fascinante (e indignante al mismo tiempo) los mecanismos por los que el poder se apropia de los cuerpos. ¿Cómo vives tu cuerpo tu, niña rubia de ojos verdes que durante toda la fila se rió y sacó su ipod – hasta que ya no se podía – y todo muy segura de que era un trámite engorroso y nada más? Y cómo lo viven los demás: los morenos, los que denotan una ascendencia indígena, los rollizos, los bajos, a los que el maquillaje no nos alcanza para “no parecer mexicanos”. Los que tenemos que desidentificarnos de una identidad que nos ha sido asignada, y que además incorporamos – vivimos – padecemos.
Ejemplo 3: La violencia simbólica, asumida, incuestionada. El hecho que durante todas las filas me hubiera sentido nerviosa, como si fuera a presentar un examen, y que luego me hacía morirme del coraje (y pensar pero por qué mierdas estoy nerviosa? Porque el biopoder hizo bien, hizo bien, y ahora he convertido la opresión en identidad)
Ejemplo 4: La violencia legítima del interrogatorio (de verdad no les parece violentísimo tener que comprobar la clase social – porque OJO, no tiene que ver con el ingreso económico, ni con la chamba: es algo más amplio, justo tener que demostrarle a un tipo que perteneces a la clase social que no le interesa ser inmigrante indocumentada). Y la violencia se asume, se permite, se legitima, se invisibiliza.
Y al final, después de 3 horas de éstas y otras meditaciones, salí agobiadísima, con el estómago revuelto, con ganas de llorar, preguntándome qué mierdas (qué mierdas, qué mierdas) le pasa al mundo? De verdad, no entiendo por qué vivimos así. Ahora no tengo gana alguna de visitar Estados Unidos, de volverme a parar en su embajada. Tengo ganas de no odiar tanto lo que la humanidad ha hecho consigo. Alguien dígame por favor que está de acuerdo conmigo en que esto es monstruoso. Alguien cuénteme que otros mundos son posibles.

6 comentarios:
Unos te invitan a hablar de migración otros te niegan la entrada, Estafos Unidos es tan paradójico. Hay tanta gente por la que vale la pena ser antiyankie y tanta por la que sería injusto...
Yo estoy muy de acuerdo con todo lo qeu dices, y se lo he dicho ahsta el cansacnio a tdoos lso amigos que me invitan a tramitar uan visa (incluso a mis amigos de allá). Pero no!! me caga!!! creen que me sentirìa afortunado de visiatr su país pero nel
Efectivamente como dices, de allá sólo me ha interesado NY, pero no ha sido un interés tan grande. Es mas grande la indignación.
Me he atrevido (discùlpame) a compartir este post tuyo con algunas personas.
Tu comentario se cierra simplemente a nosotros -yankees- pero habrá que ver a todas aquellas embajadas que están allá afuera negando visas a los que nos apetece visitar un país. Por ejemplo, la ridícula lista de requerimientos que plantea Brasil antes de extender la visa, y ni hablar del tramite burocrático si quieres quedarte a trabajar.
Alemania, el país más liberal, no? habría que analizar el tiempo, la espera, los recursos que tienen que gastarse para entrar al país, y sin mencionar que todo el papeleo allá esta hecho en euros.
Francia, nos odian! a nosotros yankees, aunque supongo que es un sentimiento común con muchos países, según me doy cuenta. Por tal motivo te hacen checar el pasaporte cada vez que sales y entras del aeropuerto, te hacen quitar los zapatos y calcetines y confiscan todo tu equipaje. Haciendo preguntas como, quién empacó tus maletas? que acaso no es obvio?
Tengo un sentimiento encontrado con todo ese tramite de visas. Muchas veces no resulta, ni sencillo, ni justo...pero todo se resume al deseo de obtener algo. Claro que no me gusto gastar ni dinero, ni tiempo para entrar a esos países. Pero quería hacerlo, tenía que hacerlo...
Ya somos grandes, la pregunta va de regreso...qué tanto quieres visitar otros países, no solo usa, pero como lo mencionaste, cuba u otros. Uno no hace el tramite para demostrarle al "Gringo" delante de ti que puedes tenerla o demostrarle la clase social, uno lo hace por uno mismo. Por que "yo" "for crying out load" quiero ir a demostrarle a los demás quien soy y qué soy capaz de hacer
cuando en mi examen de titulación me preguntaban los maestros sobre la avanzada del periodismo digital, sobre el posible desplazamiento de las publicaciones impresas por la información en línea, siempre puntualicé que en México es tal la desigualdad que hablar de ello me parecía marginar gran parte de la realidad: a quienes no tienen acceso a internet, a quienes no tienen computadora o acceso a una computadora, a quienes no saben ni prenderla... en fin, era no tomar en cuenta a los millones de pobres, a los que no viven en una clase acomodada.
En TJ el trámite también es muy caro, violento, "vulnerador", y contratar un mediador para que te facilite el proceso es aún más caro que las tarifas que pones.
Y ya sabes: yo antiyankee, así que ni me preocupo por entrar a ese país, cuya barda veo todos los días, cuya brutalidad conozco bien y de cerquita.
un sol ☼
yo te enseño uno, acá mismito en el df
Te quejas del trato que les da los agentes de migración a cualquier persona. No tiene que ver con el color de tu piel, no tiene que ver con tu clase social, ellos están haciendo su trabajo. Te quejas porque tuviste que esperar de pie casi tres horas y por las preguntas que te hicieron cuando te entrevistaron. Qué esperabas, una palmadita en la espalda y que te felicitaran por tu respuesta? una vez más te repito, ellos están haciendo su trabajo y siempre hay gente como tu quejandose del trato que reciben en las embajadas. El agente solamente puede hacer su trabajo hasta cierto punto, tu tienes que llenar la papelería y traerlas hasta ellos, si bien hay gente que le paga a otros para que lo llenen, bien por ellos... si hay otros que tienen que hacer el papeleo ellos mismos, cual es problema?
Escribes este post para quejarte del trato que recibiste, para hacer al mundo participe de la patetica forma que has escogido vivir tu vida. No es culpa del oficial que no hayas podido ir a Texas, es tu propia culpa! porque pudiste haber tramitado una visa antes y no lo hiciste, porque por tratar de defender una integridad falsa te quedas sin moverte de tu país, sin poder salir y a ver lo que hay allá afuera. No eres una víctima del tramite, eres víctima de ti misma.
Y tal vez tengas mucho merito, por alguna razón la universidad te pidió dar una platica, pero que lastima que todo tu potencial, todo tu intelecto se va a morir donde comenzó. Es de hecho bastante incongruente que tu y ese comentario de Tijuana hablen en un blog de internet sobre la situación social de México hablando de la pobreza y todas esas cosas... probablemente pocos de los habitantes mexicanos pueden leer tus comentarios, debido a que como tu lo dices, no tienen nada.
Lo que pasa aquí no es un problema de política, sino que los gringos, tienen las ganas de hacer algo, tienen la motivación y nada los detiene para hacerlo. En cambio hay quienes, como me doy cuenta aquí, quienes prefieren vivir entre la basura para que nadie les haga "pedo".
Que lastima me da la gente que llora por dinero y se queda sin hacer nada por su propia iniciativa y luego se hacen los llorones.
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