sábado 1 de octubre de 2011

La cita es de Yourcenar

Me pongo triste cada que me entero de una pareja que se separa (rompen, terminan, truenan, se dejan). No importa si no fueron de mis parejas favoritas, de todas formas me deja con un sentimiento raro de desasosiego. Me imagino que es como una de esas lenguas que se dejan de hablar en el mundo: ya perdimos para siempre su música, las palabras que sólo ese idioma era capaz de expresar, los significados construidos tras un largo proceso.

Porque a fin de cuentas, el amor es algo parecido. Me gusta pensarlo así, justo, como un lenguaje propio que se recrea constantemente. Un montón de cosas que se significan a través de gestos, cariños, experiencias compartidas, recuerdos, madrugadas, confesiones y un largo etcétera. Por eso cuando las parejas se separan, de alguna manera siento algo parecido: que el mundo, la humanidad, y sobre todo ellos dos, acaban de perder algo único, el secreto significado de algo que sólo era decible en ese idioma y que no tiene por tanto traducción alguna.

No es, por supuesto, que ignore que a veces es mejor así. Que vendrán nuevas cosas para ambos, ojalá mejores. Que la vida sigue su curso. Es sólo que haber sido testiga de esa complicidad, de ese verlos juntos y de la mano y tan felices, y ahora verlos solos tratando de moverse hacia otro lado, me hace en cierta forma testiga indirecta e involuntaria de los miles de niños que no nacieron, de las miles de oportunidades que dos personas fueron capaces de crear y luego fueron incapaces de abrazar y retener.

Tampoco sé bien qué palabras decir a modo de consuelo. Soy un poco descreída de los pronósticos sobre el futuro (encontrarás a alguien mejor, cómo pudo ser tan tonto para perderte, ya llegará alguien que sí te valore, etc., etc., etc.). Además, sé - con conocimiento de causa – que en ese momento empieza para cada quien el largo camino de desandar el propio y personal laberinto del dolor, que puede sorprenderte con una salida cerrada una madrugada de algunos años después, en una vida diferente. Tiempo al tiempo. Paciencia y nada más.

Y al final, supongo que toda esta cosa cursi, sensiblera y triste que me provoca el que las parejas se separen, tiene que ver con lo inútil de la tarea. Es un ejercicio parecido a ver a un escultor que se afana mucho en crear algo bello para tirarlo después y empezar desde cero. Tiene que ver con lo banal de los milagros que nacen y mueren todos los días, como las flores y las puestas de sol. Tiene que ver, quizás, con que aún no comprendo (del todo) “el misterio de los horizontes y los viajes, la sombra que proyecta el hombre efímero sobre los paisajes eternos”

1 comentarios:

Esquina Tijuana dijo...

quizá el tiempo "invertido" en construir una relación que después termina no es necesariamente tiempo perdido, pues algo ha cambiado en ambos aunque ya no lo compartan entre ellos... quizá.

[hermosa entrada]

beso