viernes 7 de octubre de 2011

Como cuando repites muchas veces una palabra, hasta que pierde su significado: cafeteracafeteracafeteracafeteracafeteracafeteracafetera. Entonces ya no estás tan segura de si en efecto significa algo, o sea, si esos sonidos –ahora tan extraños, tan ajenos, que han dejado de comunicar – de verdad quieren decir lo que según el diccionario quieren decir: un artefacto que tiene una utilidad específica, algo concreto y material que puedes encontrar en la cocina. Pero el sonido sigue siendo ajeno.

Eso pensé hace rato mientras veía que él escribió una nota en su facebook, luego por ocio y por inercia entré a su perfil, vi sus fotos, las fotos de su esposa, de sus hijos, de las vacaciones en la playa, de su bebé hermoso y gigante. Hasta que dudé del significado y me pregunté si de verdad (de verdad) alguna vez él y yo estuvimos juntos, dormimos juntos, nos fuimos de viaje sin decirle a mis papás, nos hospedamos en un hotel de Zacatecas que se llama(ba) algo así como ‘María bonita’, escuchamos a Joaquín Sabina. Si de verdad (de verdad) yo estudiaba en las noches, y salí a las 7 de clase, y decidí ir a la presentación de un libro que se llamaba “Criaturas de la noche”, y entonces entré y él me vio y me dio la mano y me dijo ‘vámonos’ y luego caminamos mucho rato sin hablar. Si de verdad (de verdad) me regaló un disco que empezaba con la rola de ‘night swimming’, un disco que escuché durante toda una noche frente al mar en Mazatlán.

Busco el equivalente al diccionario, que me regrese la tranquilidad de saber que la palabra existe y nombra. Que la palabra - sonido extraño, ajeno, cuya cotidianeidad estoy segura esconde un misterio – designa esa cosa que está conectada en mi cocina. Voy al mail que usaba entonces, pongo sus iniciales en donde dice ‘buscar’, encuentro correos de hace tiempo. Encuentro que él me decía honestamente que me quería. Encuentro una foto de Zacatecas (yo con una sudadera de cierre que por aquellas fechas me ponía un día sí y al otro también, una sudadera negra de Taking back Sunday, unos converse rojos, delgada – mucho más – y con el cabello negro – pintado – y largo). Él con una camisa de franela negra, y el cabello largo amarrado en una colita de caballo.

Así que de verdad (de verdad) pasó. De verdad (de verdad) un día tuve su número de celular como número frecuente. De verdad (de verdad) ahora nos saludamos con cariño y nos mandamos mails (que luego yo impúdicamente vengo a subir al blog) con consejos y saludos.

Han pasado cinco años desde la foto. Cinco años (cafeteracafeteracafeteracafetera). Y su nombre hoy designa esa misma cosa, ese mismo misterio, esa misma evidencia de que el gerundio es el mejor tiempo verbal para conjugar la muerte. Cafeteracafeteracafetera.

3 comentarios:

Icaro Jr dijo...

Es como una película borrosa de otra de vida, un universo paralelo cafeteracafetera

El umbral del desierto dijo...

Parece que repasar las letras de la gente es a veces un buen ejercicio. Me dio gusto leer esas líneas como un intruso en una conversación privada. Sentí que violaba el secreto de confesión. En fin. Un saludos.

Zhenitte dijo...

A mi también me fascina lo que escribes. Pero me deja siempre con mucha curiosidad, por ejemplo: me pregunto si este hombre del bebé hermoso, es el mismo al que enseñaste a leer poesía, que ahora le lee a la novia (¿esposa?)

Ese facebook es el diablo. Tú sigue escribiendo, que cada que puedo vengo a ver qué tienes de nuevo. Me encanta tu blog.