Que luego me cuesta mucho volver a ser cariñosa conmigo y decirme ‘calma Talita, calma’. Odio, además, las razones que despiertan mi odio; confesión fuertísima para una feminista: ellas. Las otras. Las que me acomplejan con su risa escandalosa, con sus chinos acomodados con mousse, con sus escotes sensuales. Ellas que tienen mi edad y han viajado muchísimo, que ya fueron editoras, que además escriben bien y cuentan en su blog aventuras envidiables (y no aventuras mocosas y trágicas como las mías). Lo curioso es que mi sororidad mal entendida no me permite ni siquiera buscarles defectos (y decir, por ejemplo “mira! Tampoco sabe usar las comas, y escribe mal, y además bla bla bla”). No. Reacciono en inmediato con los reclamos más clichés hacia mí: ¿por qué no me pongo a dieta?, ¿por qué no hago el grandísimo esfuerzo de ser más agradable y dejar de criticar a la gente?, ¿por qué no trato por enésima vez de ser divertida y asistir a los antros? ¿por qué me siguen dando miedo las fiestas?
Miedo las fiestas. Así las cosas. Es una extrañísima enfermedad que creo que sólo J. y yo padecemos: nos ponemos mal en las fiestas. Y en los antros, y en todos los demás lugares en los que se supone que uno debe sentirse feliz. Creo que nos gana la presión de ‘no sentir nada’, de ver a los demás felices y sonrientes y con cara de que les encantalamúsicaelambientelaestánpasandotanbien, mientras nosotros seguimos siendo los mismos ocurrentes de siempre que mientras tanto piensan en la inmortalidad del cangrejo. Yo, por ejemplo, siempre opto por hacer sociología espontánea: ¿estarán fingiendo? ¿la gente pone esa cara de felicidad porque es la cara que se espera –como en los velorios – o porque de verdad ellos sí sienten algo especial?. Me gustan mucho las ‘tertulias’ (jaja, así o mas anacrónica?): que sea poca gente, que el propósito sea hablar, que la música no esté muy alta, que los temas motiven el diálogo, que los churritos empiecen a circular, que terminemos todos riéndonos y felices y abrazados y pachecos escuchando jazz y repitiendo como imbéciles que “qué buena rola, qué buena rola”.
Pero volviendo al tema, ellas no parecen ser de ésas que huyen de las fiestas. Al contrario. Parecen ser de las que disfrutan –como en un comercial de Saba -, de las que sonríen, de las que son abordadas, de las que nunca están fuera de lugar. Eso. Quizás sea eso: yo con muchísima frecuencia me siento fuera de lugar, de contexto. Como si nunca supiera qué ponerme, cómo combinar, qué decir y qué no. El mejor recuerdo que tengo de una ‘fiesta’ fue una vez que un muchacho me dio la mano y me sacó de ahí para llevarme a caminar por el centro histórico de la linda ciudad de Saltillo; tiempo después me diría algo como “oh! Esa noche estabas tan perdida que pensé que era un idiota si desaprovechaba tu incomodidad oh! Oh “ -también mis exnovios han sido siempre muy dramas-.
Y odio que ellos, que él, siempre esté interesado por una de ellas. La p*ta madre. Tantos años y para seguir con eso. Que él siempre aparezca en sus fotos de facebook con chicas lindas que además son fotógrafas, escritoras de cuentos infantiles, bailarinas profesionales de ballet. Y lindas. Y que nunca están fuera de lugar.
Odio pensar que él leería este post y pensaría ‘ay no Natalia siempre con sus cosas, qué hueva’. Y pues no, yo no soy tan complicada.
Tan complicada. Una vez hace muchísimos años otro muchacho me dijo ‘oh! Natalia oh! Lo que más me gusta de ti es que eres más compleja que la música’. El tal muchacho estudiaba música, así que lo consideré como uno de los mejores halagos que alguien me hubiera dicho jamás. Después, otro chico me diría algo como ‘es que – oh Natalia, oh! – eres la mujer más enigmática que he conocido en mi vida’. Me dedicaría siempre la canción de ‘tornasol’ (cada vez que cambian tus sueños de color, luces tan distinta, tu piel es tornasol…). Sería la canción que me haría llorar estrepitosamente una noche cualquiera. Terminaría conmigo justamente porque ‘quiero una novia n-o-r-m-a-l que no critique todo el tiempo a Sandra Bullock , y no se desaparezca, y no me comparta sus naufragios’. Bien bonito.
Por eso cuando él hace tiempo me dijo una frase como “uy Natalia, es que tu eres más impredecible que la bolsa de valores” no lo consideré un halago. Lo consideré un -87 en mi estrategia de hacer que se enamorara de mí. Me dieron ganas de escribirle un mail para explicarle que no, que no soy tan compleja ni tan cambiante ni tan tornasol ni estoy siempre en crisis. Que a veces sí, pero que mis ‘crisis’ tienen otra dimensión y que hace años que no suceden (por fortuna). Que no, carajo, que ser la ‘srita. Melancolía’ no quiere decir que vivo triste y en problemas. Que me gusta la melancolía porque ‘es la hermana gemela de la utopía’, la que puede sonreír en medio de la nieve. Pero después pensé (afortunadamente) que él pensaría que, además de ‘muchacha siempre en crisis’, estoy loca.
Ellas no parecen esconder ningún naufragio, ninguna madrugada de llanto, ninguna oscuridad indecible cuando bailan luminosas en medio de la pista.
Una vez leí en algún libro una frase que decía que ‘para Sor Juana hubiera sido fácil casarse si encontraba a un hombre que privilegiara el sentido del oído sobre el de la vista’ (algo así). Como me creo Sor Juana, me sentí identificada. Está bien, está bien: no soy muy bonita. Es más, pueden sin problemas tachar el ‘muy’. Pero – peeeero – tengo muchas historias. Historias que he vivido (creo que mis historias son la cosa más linda que tengo), historias que he leído, historias que he escuchado. No sé bailar, pero sé argumentar.
Sé argumentar. Error. Una vez un muchacho super guapo, filósofo y escritor, me pidió que leyera el libro que había escrito con una beca del FONCA. Me sentí halagada de que me pidiera eso y le dije que pero por supuesto que sí. Leí el libro, me pareció un poco flojo al final y, sobre todo, muy conservador desde el punto de vista político. Como una especie de ‘fábula’ con una moraleja muy discutible. Nos vimos para comentarlo. Empecé suavecito ‘pues mira, unas cosas me gustaron mucho…’ Luego solté el PERO. Lo gracioso es que ingenuamente pensé (les juro que neta sí pensé eso) que si me había pedido que leyera su libro, y si yo le estaba demostrando que lo leí, y además lo estaba criticando no sin razón, él se sentiría AÚN MÁS atraído por mí (o sea, había un ligero interés antes, por eso me dio su libro, captan que así ligan los intelectualoides?). Y nel. Se molestó, me dijo que ‘gracias’, nunca jamás en su vida volvió a dirigirme la palabra. Cuando le conté a mi mejor amigo se moría de la risa mientras decía tontamente ‘Flores….. es que Flores….es que cómo se te ocurre? JAJAJAJAJAJAJ, ya te expliqué lo de los combos’.
Lo de los combos. Mi mejor amigo es la onda. Es el único hombre que conozco al que mi género le tiene sin cuidado, así que me trata como a su igual. Así que mutuamente nos contamos todo. Todo. Sin maquillaje. Una vez, por ejemplo, hablábamos de una chica nalgona que acababa de pasar (nosotros flojeábamos, filosofábamos, fumábamos y criticábamos gente desde una plaza pública). Yo espontáneamente dije ‘mta, cómo me encantaría ser así de nalgona’. Él respondió ‘uyyyy no, tu ni con sentadillas amiga, necesitarías de plano implantes’. Nos reímos estúpidamente. Después añadió ‘pero no te preocupes, se te ven bien los escotes, tienes bonita cara, con eso la armas’. Yo me morí de la risa y le respondí ‘claro, y además soy buena onda’. Él: sí, además eso, eres buena onda. Yo: O sea que buen escote, linda cara y buena onda, ¿qué más quieren?. Él: ya con eso te defiendes. Yo: y además soy inteligente. Él: ahí si ya cagaste. Yo: por quéeee? Él: es como un combo de McDonalds, si me ofrecen papas y hamburguesa, acepto. Papas, hamburguesa y refresco, qué mejor! Pero papas, hamburguesa, refresco y además unos chilaquiles… guácala. Risa estúpida por media hora (y cada que lo recuerdo). O sea que soy como un combo con chilaquiles. No sé si eso pueda tomarse como un halago.
Y esto ya fue mucho (¿vieron que cada que estoy ahogándome en trabajo me da por escribir posts?).

2 comentarios:
Pero pues te lo pasas chido, a pesar de todo. Todas las historias tienen altos y bajos, no importa realmente si son más los altos que los bajos jojojo. Son Solo historias.
Eres jóven, un día encontrarás lo que buscas, aunque sea un ratito.
P.D. Soy Chava
Me encanta que escribas mucho... y sí, las tertulias son lo nuestro... ahhhh... y puede que tus historias sean algo muy bonito que tiene pero no es lo único, también tienes esos piecitos y esos ojazos... te quiero mucho, amiga... y no sé qué más decir... creo que de algún modo yo también me siento casi siempre fuera de lugar, pero no es una gran tragedia ni siquiera son cosas que suceden... ya me interrumpieron.
Un abrazote.
Muchas ganas de platicar contigo, como siempre.
Emilia Eloísa.
P.D. El otro día me hice una trenza como me enseñaste :D:D:D, luego en paga yo te puedo enseñar a hacer el pay de limón :P.
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