Terminé de leer a Banana Yoshimoto hace poco más de un mes (ya casi termino a la autora que sigue)…. Desde entonces he tenido mucha chamba, cosas que ‘tengo que’ escribir porque básicamente para eso me pagan, así que me siento culpable de cualquier texto extra sin haber terminado antes los de mis trabajos.
Pero éstos, además, están siendo días difíciles en el plano personal. Hace mucho que descarté este blog como el terapeuta al que no le pago (de hecho, hace mucho que descarté a los terapeutas así en general), así que no voy a profundizar. Sólo un poco decir que estoy harta de muchas cosas, que puedo llorar entre cuartilla y cuartilla (y luego seguir escribiendo como si nada, o sea que ya ni siquiera tengo que hacerle ceremonias a mi llanto), y que todo el tiempo me siento esperando que ‘algo’ suceda. Pero los días pasan, y pasan muchas cosas, sin que se aparezca ese ‘algo’ amorfo e indefinido en el que he puesto mis esperanzas.
Hace unos minutitos estaba pensando en cosas (no muy alentadoras) cuando me encontré diciéndome ‘es como en el libro de Banana…’, así que ahora sí me dieron ganas de venir a contarles de qué va su escritura.
Banana (es pseudónimo, su verdadero nombre es Maoko) es una de las voces jóvenes más conocidas de Japón (en este momento tiene menos de 50 años), y sin duda de las únicas mujeres. No sé por qué es bastante comparada con Murakami (en la cuarta de forros de uno de sus libro se dice que ‘sus universos son fronterizos’), aunque por supuesto no tiene el mismo reconocimiento qué él. Y créanme que no es porque no lo merezca.
De ella leí Kitchen, su libro más conocido y galardonado; Moonlight Shadow, el cuento que escribió como tesis de licenciatura; Amrita y Sueño profundo (libro que integra tres cuentos: sueño profundo, la noche y los viajeros de la noche, y una experiencia).
A diferencia de otras autoras, en el caso de Banana Yoshimoto es relativamente sencillo encontrar de qué se trata su escritura, qué quiere comunicar, ya que al menos todo lo que leí de ella presenta elementos comunes en la trama: siempre hay muerte, dolor, y hallazgos que suceden con mayor o menor fortuna.
Sus protagonistas son mujeres que se encuentran frente a una pérdida, generalmente asociada con la muerte. Si alguna vez han perdido algo que querían muchísimo, sabrán entonces que en esos momentos una entra en otra dimensión, algo muy parecido a estar en medio de un torbellino en el que revolotean sentimientos difusos, fuerzas que te despeinan, que te hacen perder el control sobre tu cuerpo – que entonces parece una marioneta que de manera impotente pierde la gracia en los movimientos para ser sacudida y burlada por una fuerza exterior -. Como el revolcón de una ola. Momentos en los que lo único importante es aferrarse a algo y esperar que pase.
La buena noticia es que sí, que pasa. La mala noticia es que el dolor siempre deja marcas, visibles y no. Un paso más lento, una mirada menos brillante, unos movimientos menos espontáneos. Una geografía corporal con grietas y abismos.
Ante estos cambios, se pueden tomar varios caminos. El primero de ellos, más obvio por sencillo, es dejarse llevar por la inercia del dolor, del aturdimiento. Caminar con una cojera vergonzante, y asumir que todos, de una u otra forma, estamos despostillados de algún lado.
El segundo camino es aprender a amistarse con las pérdidas. Es complicado por absurdo, ¿cómo encariñarse con una ausencia?, ¿cómo sacar conclusiones de algo tan indecible como el dolor? Pues bueno… ése es el reto, supongo, convertir la cojera en una marca de guerra (nadie te pide que sigas caminando entero!), en una evidencia de – como Jacob - haber sido tocado por lo divino.
Me gustó que las mujeres de Banana no ‘feminizan’ el dolor: o sea, nada de reflexiones angelesmastretianas sobre la mujer destrozada que se tira a llorar en su cama día y noche, hasta ser salvada por algo o alguien, que casualmente es un hombre enamorado (aunque también se aparecen por ahí hombres enamorados, Yoshimoto les deja un bonito lugar de acompañantes, nada de héroes ni salvavidas)
Sin embargo, las mujeres de estos cuentos sí tienen ayuda y ayudantes, a menudo relacionados con experiencias mágicas o extramundanas (sueños donde hablan con los muertos, visiones, desconocidos que les dicen profecías, etc…. ahora que lo pienso sí está murakamiesco el rollo). Pero siempre salen adelante gracias a su capacidad de reflexión e interpretación del sufrimiento.
Son mujeres que salen, como del baño, del dolor. Y una vez fuera, no lo niegan, ni lo invisibilizan: lo incorporan en una especie de ‘renacimiento’ sobrio, melancólico y luminoso...
***
-También convertirse en una mujer es tremendo, ¿sabes? – dijo Eriko un anochecer.
Levanté los ojos de la revista que estaba leyendo y dije: ¿cómo?
La hermosa madre estaba regando las plantas poco antes de ir al trabajo.
-Mikage, espero mucho de ti, por eso he tenido ganas de decírtelo. Yo también, cuando tenía a Yuichi entre mis brazos, mientras lo criaba, lo comprendí ¿sabes? Hay muchas cosas amargas, muchas. En realidad, una persona que quiera independizarse tiene que cuidar de algo ¿sabes? De niños, o de plantas, algo. Así conoces tus propios límites. Este es el principio de todo.
Me explicó su filosofía de la vida en un tono cantarín, como una canción.
Me emocioné y dije:
-Hay muchas cosas duras, ¿verdad?
-Pues sí, pero una persona tiene que estar completamente desesperada una vez en su vida y, entonces, sabe a qué cosas de sí misma no puede renunciar. Si no, llegará a la madurez sin saber qué es realmente lo importante. Yo he tenido suerte, ¿no crees? – dijo ella. El cabello que caía sobre su hombro ondeaba. – Hay muchas cosas que…, creo que hay cosas tan desagradables que parecen estar podridas. Hay cosas tan duras que dan ganas de apartar la vista. Ni siquiera el amor puede salvarte del todo.
Sin embargo, ella envuelta en el sol poniente del crepúsculo, iba regando las plantas con sus manos delgadas. El anillo del arcoíris parecía brillar con una luz cálida en el chorro del agua transparente.
-Me parece que te comprendo – dije
(De Kitchen, Editorial Fábula Tusquets, 2009: 62)
***
Me parece que yo también la comprendo, un poco.

6 comentarios:
bien
Sí me dieron ganas de leerla... luego me la prestas?
Abrazzzo.
Emilia Eloísa.
¿me estoy volviendo loca o por acá desapareció un post bien bonito y sincero?
besos
Me gustaría que escribieras más seguido... mucho... pero ya sé que no eres una sinquehacer como yo jaja... te mando un abrazote, amada amiga mía.
Yo tengo una casita, y si un día tienes tiempo y quieres te presto las llaves para que la/me conozcas.
E.E.
Sé que no debo ser igualada y disculpa mi atrevimiento pero ¿por qué borraste tu entrada?
Se veía bastante interesante, apenas me iba a sentar a leerla con calma y ya no estaba.
Saludos.
ufff! ya me había asustado, buscando tu blog llegué a otro que no tiene las 'w', sólo la gotera y los días, pero no es bueno, entonces supe cuanto te extraño, fue horrible pensar que habías cambiado el estilo y todo, en fin, acá estoy esperando leer algo nuevo de ti
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