sábado 12 de marzo de 2011

Escindida

Siempre cuesta un poco empezar a sentirse desgraciado, dice Benedetti. A mí siempre me cuesta un poco lo contrario, estar en paz y convencerme de que me gusta mi vida en el D.F., que yo escogí quedarme acá un año más, que estoy aprendiendo mucho de mis trabajos, etc., etc., etc. Siempre es difícil regresar de Saltillo, y casi siempre los primeros días estoy con el ánimo frágil: nostálgica, ansiosa, llorona…

Tres años, y creo que no ha habido una sola vez que regrese al D.F. contenta. Regreso porque tengo cosas qué hacer acá, porque después de todo ‘mi vida’ adulta tiene responsabilidades de este lado: la escuela, ahora el trabajo y la escuela, las cuentas. Claro que luego van pasando los días y poco a poquito empiezo a reacostumbrarme y a disfrutar la ciudad, y mi departamento, y mi soledad. Pero es poco a poco.

Mi teoría es que todo tiene que ver con que el cambio es demasiado drástico. En Saltillo siempre hay alguien esperándome. En Saltillo siempre tengo que hacerme bolas con los horarios para que me de tiempo de saludar a toda la gente que quiero saludar. En Saltillo está la gente que más me quiere, y a la que más confianza le tengo.

Mi familia, mi sobrino, mis amigos y amigas de AÑOS. S. y V., que son mis amigas desde que estábamos en la primaria. Las chicas de la facultad. Sergio mi mejor y más fiel amigo, que siempre es el primero en llamarme para ver ‘cuándo vamos a ir al bar de siempre’. Eso es lo que extraño de Saltillo. Regresar al D.F., en cambio, es regresar a estar conmigo y sólo conmigo. Aquí nadie me espera.

Siempre regreso y mi departamento está solo. Me doy cuenta de que la leche se echó a perder porque el refri se desconectó y nadie se dio cuenta. La ropa está sucia, la cama destendida como la dejé. Pueden pasar días completos en los que mi única interacción es con el portero, el señor del oxxo, y la señora de la fonda.

Claro que, también tengo amigos aquí. Pero son pocos. Y cada vez los veo menos porque ésta es una ciudad complicada, y todos tienen sus horarios, sus parejas, sus rutinas.

Siempre me siento muy adulta en el D.F. Siempre me siento muy dueña de mis horarios, de mis decisiones, de mi dinero. El sólo hecho de estar aquí es algo que yo elegí. Ay ay ay. Perdonen el drama de hoy, pero como diría Sabina ‘qué pequeña es la luz de los faros de quien sueña con la libertad’.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

" En Saltillo está la gente que más me quiere...". Y en Puebla. Yo la adoro, boba.

El Descastado dijo...

Me siento muy identificado con tu post. A veces, cuando uno está melancólico es bueno aceptarlo y no intentar aparentar que todo es bonito y feliz. Solo tengo una diferencia contigo. Yo cuando regreso a mi casa tampoco la siento como tal.

Mujer Maravilla a la Mexicana dijo...

Sabes.... Yo llevo ya casi dos años en Monterrey y apenas me estoy sintiendo parte de ella. Tuve que dejar el DF pero realmente dejarlo ir. Voy muy seguido y los primeros meses me daba mucha melancolía, después no lo extrañaba y ahora este fin pasado que fui, lo vi bonito otra vez y me dolió un poco irme. A diferencia tuya, mi pequeña familia anda por todos lados. Lo más duro fue dejar a mi hermana pero ya nos acomodamos y hemos diseñado métodos para siempre estar cerca.
Creo que la melancolía es resultado de estar indeciso, de no estar en lugar o en el tiempo. Se puede tener melancolía del hogar, melancolía del pasado.

Es difícil eso de tener con quien ir al bar de siempre, pero en mi caso necesitaba este silencio.

Un abrazo Srita.

Icaro Jr dijo...

mira que yo siento lo mismo en Bogotá y extraño mucho mi Quito. pero no creo ser capaz de volver a quedarme

zarapastro dijo...

Siempre es un gusto leerte, en lo personal ya no me afecta el poco apego que hoy por hoy siento por los seres humanos.
Vale la pena sentirse distinto, es que para el sistema todos debemos ser los mismo, que no es ser iguales.
Suerte.